Historia del Colegio

Historia del Colegio

“Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su producción o su construcción” (Paulo Freire)

Es difícil resumir en unas páginas una historia que ya está cerca de cumplir cien años. Es una vida entera que revive en la memoria de cada trabajador, cada familia, y cada alumno que ha pasado por las aulas de este querido establecimiento. Desde comienzos del siglo XX  nuestra Institución recibe los sueños de una comunidad que ha creído en una enseñanza mixta y laica, basada en la diversidad de miradas, en el respeto mutuo, en la importancia de la palabra del otro, en el valor de la imaginación y la creatividad y en la preponderancia del conocimiento. A lo largo de este trayecto aprendimos a confiar en nuestra fuerza como profesionales, unidos en un proyecto educativo sólido y duradero. Esto nos permitió sostenernos en el tiempo, superando las adversidades, siempre en la búsqueda de un objetivo mayor. Como asociados de  una Cooperativa de Trabajadores, encarnamos un proyecto que busca honrar los cimientos que hicieron fuerte a este establecimiento, pero tenemos también la responsabilidad de desarrollar una propuesta renovadora, que exprese los valores de solidaridad, compañerismo y diálogo que caracterizan a este tipo de organizaciones. Junto a ustedes, que han confiado desde siempre en el compromiso, la entrega y la pasión de todos los que hicieron y hacen el Guido Spano, esperamos construir una Nueva Historia, que sea digna de las páginas que nos preceden y que sea portadora de ese sueño con el que hoy llegan a Nuestro Colegio.

“Educa a los niños y no será necesario castigar a los hombres” (Pitágoras)

Corría el 10 de octubre de 1922. La primavera maduraba en la Ciudad de Buenos Aires. La Avenida Santa Fe comenzaba a dibujarse como una vía elegante de la urbe porteña. En el solar que hoy ocupa la Basílica de San Nicolás de Bari, surge una nueva casa de estudios, fundada por Teodora y Olga Bomchil; su nombre: “Colegio Guido Spano para niñas y señoritas”. Sus aulas prodigaron enseñanza en ese predio hasta que, alrededor de 1932, se trasladó a un terreno más amplio, ubicado en la Avenida Santa Fe al 2600. Allí, la amplitud edilicia ofreció la posibilidad de dar hospedaje a las alumnas que llegaban desde el interior del país para seguir los cursos con que complementarían la escuela primaria y los ciclos de bachillerato, comercial o magisterio, junto con sus compañeras porteñas. En 1958, el Guido Spano pasó a manos de la Sra. Rosario F. Acuña de Susperregui -docente que desempeñaba la función de vicedirectora- y se trasladó a un edificio ubicado en la calle Mansilla del barrio de Palermo. El Establecimiento, que tenía ya sólida fama entre los institutos de enseñanza laica, se jerarquizó aún más gracias al trabajo conjunto de los docentes y una conducción educativa basada en normas claras y humanas. Siete años después, en 1965, el colegio se muda nuevamente y se instala en Billinghurst 1355, donde funciona hasta nuestros días. A fines de ese año, la Sra. Maria Rosa Queralt de Deak, ex alumna, docente de la casa e hija de uno de los profesores fundadores del establecimiento, adquiere el Instituto y ocupa el cargo de rectora. Durante todos estos años, el colegio acompañó las corrientes educativas de la época: incorporó la enseñanza mixta, Inglés intensivo en todos los niveles, laboratorio de informática, periodismo y comunicación, orientación psicopedagógica, viajes de estudios y desayunos debate junto a reconocidas personalidades del ámbito científico, pedagógico y político. No fue fácil crecer, pero a lo largo de este tiempo logramos forjar una personalidad fuerte y firme, cimentada en años de trayectoria, de aciertos y desaciertos, en los que aprendimos a nutrirnos de una experiencia social compartida y hecha carne en cada uno de los protagonistas de esta historia, que apenas empieza a contarse.

“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás, es la única manera” (Albert Einstein)

 

De nada sirve educar si no estamos dispuestos a hacernos cargo de lo que eso implica. En tiempos en los que se discute el rol de las instituciones y en donde los interrogantes acerca de los sentidos de la escuela parecen no encontrar respuestas claras, las puertas de nuestro colegio se abren día a día con un sólo objetivo: aceptar el desafío. Un desafío que se renueva año a año y que nos obliga, no sólo a modificar nuestras prácticas, sino también a pensar nuevos caminos y posibilidades. Fue ese espíritu, y el apoyo incondicional de toda la comunidad de padres y alumnos que conforman este colegio, lo que nos permitió superar nuestra más dura crisis. En diciembre de 2013, cuando aún levantábamos las copas para recibir al nuevo año, tuvimos que hacer frente a una situación inesperada: el cierre del Instituto. Aún recuerdo las caras de mis compañeros en la pantalla, las voces enérgicas de los padres y el canto enfurecido de los chicos, despojados de sus aulas y puestos en la calle para dar testimonio, para defender los derechos de los que tantas veces habíamos hablado. Durante dos meses que no tuvieron descansos ni recreos, fuimos partícipes de una experiencia social única que nos enseñó a organizarnos como cuerpo, más allá de las diferencias personales. Una experiencia que sacó lo mejor de nosotros, porque estaba en riesgo algo mucho más importante que una fuente de trabajo o una vacante educativa. Ante los ojos del público más exigente, ese verano se adelantó la fecha de exámenes. Pero esta vez no fueron chicos ocupando pupitres, fueron adultos construyendo un ejemplo, uno que pudiera repetirse con orgullo cada que nos preguntaran ¿Quiénes son?. Desde enero de 2014 no sólo somos un Institución Educativa centenaria, somos también una Cooperativa de Trabajadores dispuestos a luchar codo a codo para defender aquello que enseñamos. Somos una comunidad que entiende la importancia del compromiso asumido y sueña con una sociedad más justa, digna e igualitaria.

“El proyecto es el borrador del futuro. A veces, el futuro necesita cientos de borradores” (Jules Renard)

Pasaron 94 años desde aquel 10 de octubre. Casi un siglo, por el que pasaron familias, maestros, directivos, porteros, preceptores, alumnos… Sería difìcil encontrar un proyecto que reúna las ilusiones, los valores y el pensamiento de todos nosotros. Tal vez esa sea nuestra mejor fortaleza. Haber forjado a lo largo del tiempo una institución amplia e inclusiva que garantice el desarrollo de toda la potencialidad del individuo. Un colegio que contenga un marco educativo democrático y de un clima de aprendizaje en el que todos sus integrantes puedan satisfacer sus expectativas individuales y grupales. Después de casi un siglo, nuestro desafìo es seguir creciendo, adaptándonos y siendo protagonistas de un cambio social edificante que acompañe y facilite la formación y emancipación de todos aquellos que habiten nuestras aulas. Nuestro proyecto es avanzar para construir un futuro de posibilidades, de trabajo y de educación, en el que la libertad de elegir deje de ser un sueño y se convierta en una realidad.